Resulta revelador que, en plena pandemia donde nos vemos obligados a llevar de manera casi permanente una mascarilla, se haya dado el clima perfecto para que, a algunos, se les caiga la máscara. Esa máscara con la que han pretendido engañar a todos, y que con muchos lo han llegado a conseguir, y gracias a ello han impuesto una visión de las fiestas, nuestras fiestas, las fiestas de todos, en la que han hecho primar su constructo político de la sociedad pamplonesa y sus intereses partidistas.

Han contaminado unas fiestas conocidas mundialmente por su espontaneidad, su tolerancia, y sobre todo, sus ganas de disfrutar y pasarlo bien, en las que se acoge a cualquier ciudadano del mundo que venga con la misma actitud.

Y la han contaminado con consignas y reivindicaciones políticas que nada tienen que ver con el espíritu que las ampara, el de San Fermín. Un Santo que sufrió en carnes propias la intolerancia de quienes te arrebatan la vida por pensar distinto. Un pamplonés de nacimiento que nunca habría permitido que las fechas en las que se le festeja y se le rinde homenaje, se utilizaran para otra cosa que no fuera esa, festejar, festejar la vida, la amistad, festejar todo aquello que nos hace mejores, y no lo que se utiliza para crear odio, odio al que piensa distinto, odio al que no comparte los mismos intereses.

Por eso, yo me pregunto ¿de quién son los Sanfermines?

Hemos dejado que se apoderen de ellos quienes lo utilizan como un medio para llegar a sus fines. Hemos dejado que algunas peñas, mal llamadas sanfermineras, copen el panorama festivo de unas fiestas en las que han impuesto su actitud nada festiva y si muy cargada de intenciones políticas totalmente ajenas a los intereses del resto de pamploneses.

Hemos consentido, con nuestro silencio, que ese espíritu de un Santo que dio su vida por pensar distinto se haya ido diluyendo entre los mensajes sectarios y violentos de quienes, sin ir más lejos, defienden a un intransigente que asesinó a un conciudadano, a un vecino, por pensar distinto.

En definitiva , hemos dejado nuestras fiestas, las fiestas de todos, en manos de unos pocos que no las respetan y sólo quieren usarlas como vehículo para difundir su visión intransigente y violenta de su mundo, un mundo en el que si no piensas como ellos estás muerto.

Por eso (de nuevo) me pregunto ¿de quién son los Sanfermines?

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