En el mismo espíritu de crítica alegre que se supone presente en las pancartas de las peñas de Pamplona (y en parte por su ausencia) la Asociación Cultural y Peña Sanferminera Pompaelo presenta el primer Premio Alpargata de Plomo a la ocurrencia política peor traída del año.
Con ánimo evidente de concursar, María Chivite ha decidido, en las últimas semanas, promocionar el vasco como «lengua propia» de toda Navarra y la «euskaldunización» de la atención al público en toda la Comunidad.
Como todo el mundo entiende, los territorios no tienen lenguas, ni propias ni ajenas. Las lenguas son de los hablantes, y es a los que deben servir.
Además, Navarra no tiene una sola «lengua propia». Como nos recuerda hoy el Archivo de Navarra en una magnífica muestra, de aquel protovasco y del latín surgió también otra lengua romance. En territorio entonces navarro surge lo que se consolidó como «romance navarro-aragonés», mellizo del castellano (del mismo origen), lengua común de Navarra y Aragón, lengua oficial de Navarra desde al menos el siglo XII, en la que está la inmensa mayoría de su documentación histórica.
Ese romance se fusionó, con el tiempo, con el castellano, dando lugar al español y a las peculiaridades y léxico de la fabla (o del ribero). Ese romance es tan lengua propia como cualquier otra. Y ese español lo es de la inmensa mayoría de los navarros. Recordemos que aunque cada vez haya más personas que se ven abocadas a certificarse en euskera, los que realmente hablan vasco en la calle o el hogar siguen siendo una pequeña minoría.
Euskaldunizar la administración, como pretenden los socios nacionalistas de la señora Chivite, significa extender la exigencia abusiva de certificaciones en este idioma minoritario no ya a sitios donde puede ser más cómodo (nunca necesario) para el ciudadano expresarse en él, sino a toda Navarra. Significa obligar al 87% de los Navarros a certificarse para poder optar en igualdad a trabajar o ascender en la administración de su tierra, y a quedar expuestos, incluso así, a maniobras de exclusión como la que ha protagonizado la UPV este año.
Esto no sólo es evidentemente absurdo desde el punto de vista cultural y social, por no mencionar el histórico. También es ilegal por discriminatorio, como queda reflejado cada vez que un funcionario recurre, ya sea en Navarra o en la Comunidad Vasca.
La lengua vasca forma parte de la cultura de muchos navarros, y de la historia de todos. Facilitar y fomentar su conocimiento a quienes lo quieran, sin prácticas discriminatorias, nos parece una magnífica causa. Confundir éso con lo que se propone requiere esfuerzo.
El problema de esta alpargatadada de plomo no es que sea evidentemente absurda y no tenga respaldo social, sino que por razones políticas puntuales, de conveniencia a corto plazo, puede acabar haciendo legalmente «propio» (preferente, exclusivo, natural) de todo navarro, un idioma que nunca lo ha sido y que discrimina a la inmensa mayoría. Es perjudicar a sus paisanos, a sus votantes, a los que dice defender.
Así que esperamos que se quede en broma.
