«Tibalt rey de Navarra», de Miguel Cornejo

«Tibalt rey de Navarra. Notas sobre Teobaldo I de Navarra y IV de Champaña, cruzado y trovador» por Miguel Cornejo. Editado en 2020. Ya disponible a través de Amazon en formato impreso y electrónico.

Tibalt, Thibaut o Teobaldo, el primer rey navarro de una dinastía francesa es uno de los grandes desconocidos de nuestra historia. A caballo entre un reino sin crónicas y otro en el que se dedicó a llevar la contraria a la corona, su figura se ha fragmentado y era difícil verla completa. Las perspectivas francesa, navarra, castellana e inglesa son difíciles de cuadrar y dan lugar a decenas de interrogantes. Por eso se ha convertido en el primer proyecto editorial propio de Pompaelo.

Teobaldo el Póstumo nació huérfano de padre , y sólo gracias a la increíble tenacidad de su madre, Blanca de Navarra, consiguió conservar los títulos sobre los condados de Champaña y Brie frente a todo tipo de amenazas de vecinos, usurpadores, y reyes rapaces. Se le cita dirigiendo sus tropas a los 13 años en una de las batallas más decisivas de la historia de Europa, y fue armado caballero mucho antes de lo normal. Destacó pronto como trovador (es uno de los mayores poetas del siglo XIII tanto por número como por calidad y originalidad), y tuvo a la reina de Francia entre sus musas hasta el punto de generar todo tipo de rumores e incluso la acusación de asesinar al rey.

Fue un noble de su tiempo, que fomentó la cultura y el comercio, protegió a los judíos siempre que pudo y se resistió a perseguir herejes hasta que no tuvo más remedio; desarrolló y fortificó sus territorios franceses y pacificó el reino de Navarra, revuelto por los desmanes de Sancho el Fuerte y las luchas internas. Hizo poner por escrito los Fueros (una carta otorgada mucho más completa y compleja que la Carta Magna) y gobernó de acuerdo a ellos. Mantuvo la paz y las buenas relaciones con Castilla y Aragón, lo que fue una novedad en el pequeño reino, y hasta con Francia pese a los choques con sus reyes. Ganó algunos territorios a los ingleses en la Gascuña y confirmó el dominio navarro sobre Albarracín.

Teobaldo el Trovador fue además doblemente cruzado: participó brevemente en la cruzada contra los albigenses (que abandonó sin permiso en cuanto cumplió su obligación legal) y lideró la Cruzada de los Barones de 1239 que, sin el apoyo del emperador y contra las instrucciones del Papa, consiguió perder casi todas las batallas y pese a todo liberar Jerusalén y casi todo el territorio perdido anteriormente por los cruzados.

Su cuerpo fue enterrado en Pamplona, su corazón en Provins, y las reliquias que trajo de Jerusalén se llevaron a la catedral. Todos ellos se han perdido, pero el libro les sigue la pista hasta su último destino.

El libro es una pieza fundamental para entender la sociedad y la cultura del Siglo XIII en Navarra y su contexto, y para conocer la vida de un rey asombroso que había conseguido esconderse en los márgenes de la historia.

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