Paso de Semana Santa de Pamplona

Una tarde de bolsas

En Semana Santa existe una tarde en Pamplona en la que decenas de bolsas caminan hacia el Casco Antiguo. Algunas pasan desapercibidas, pues las llevan enrolladas bajo el brazo, y otras van colgando de las manos de sus propietarios. Las hay de comercios ya desaparecidos y otras de negocios de reciente creación, más todas tienen en común que acompañan a sus dueños hacia un mismo lugar, guardando en su interior prendas que simbolizan tradición, fe y respeto por lo que éstos vieron hacer a sus padres. 

Al llegar a la Hermandad de la Pasión se las deja a un lado y esperan dobladas, sobre bancos, bajo la ropa o dentro del calzado, hasta recuperar de nuevo su utilidad.

Pasadas casi cuatro horas volverán a acoger a aquellas telas que habían traído y será entonces cuando conozcan la historia que han vivido esa tarde. Las más viejas ya se la saben pero les encanta oírla otra vez y las más jóvenes tendrán la suerte de descubrirla. Así, escucharán los golpes de martillo que preceden a la elevación de los pasos de la procesión y los suspiros de los portadores al dejar aliviados su pesada carga. Sentirán tanto el cansancio como el dolor de las espaldas y de los hombros destrozados. Sabrán que las calles se llenaron de gente que esperaba que pasasen las imágenes alzadas por sujetos sin rostro, los cuales debían su anonimato a la prenda que cada una de ellas había transportado horas antes. Guardarán con cariño la historia de cómo sonrió esa niña al recibir el caramelo de una mano anónima y la emoción de ese abuelico al ver a la Dolorosa. Retumbarán en su interior los aplausos y la música de la Pamplonesa y los golpes marciales de las lanzas de la imponente guardia pretoriana. Recogerán y atesorarán sueños, promesas y alegrías, y lo harán con celo y gratitud a sus dueños por haberles hecho partícipes de algo así. 

Regresan a las manos que las trajeron con destino a los hogares de los que salieron, mas ahora ya es de noche y no hay tanta gente. En silencio se despiden entre ellas, esperando reencontrarse el próximo año. Las gotas de cera que salpican las calles les saludan al pasar y por respuesta reciben una sonrisa, pues saben que por unas cuantas horas han dejado de ser unas simples bolsas y se han convertido en las portadoras de una bonita tradición Pamplonesa. 

1 comentario en «Una tarde de bolsas»

  1. Grande, Pedro. Seré un mozorro más esta tarde. La espalda me jubilo de cargar durante años el Santo Sepulcro, pero me sigue gustando formar parte de ese testimonio, de esa costumbre que heredé de mi padre y a la que ahora sumo (manda h…)
    A mis cuñados

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