El odio en Navarra

Artículo publicado en Diario de Navarra el sábado 16 de Octubre 2021

Hoy martes a las 19,30 tiene lugar un acto en Civivox Iturrama en el que la eurodiputada Maite Pagazaurtundúa va a explicar la Conferencia sobre el Futuro de Europa y las iniciativas ciudadanas propuestas, entre otros, por nuestra asociación. 

Algunas de esas iniciativas nos pillan un poco más de lejos. La defensa de la educación en lengua materna no es un gran problema en Navarra, como lo puede ser en Cataluña, Valencia, Baleares, Galicia o País Vasco. La necesidad de una administración imparcial no nos parece crítica, al menos en ayuntamientos no dominados por partidos sectarios. Y la defensa contra los delitos de odio nos suena a los ataques homófobos de la televisión. Pero lo cierto es que se refiere a algo que nos afecta mucho más de cerca.

La frase “delito de odio” se sigue entendiendo mal. Hay gente que incluso piensa que el odio en sí puede ser delito. En realidad, un “delito de odio” es un delito normal que se produce contra una víctima elegida por su pertenencia a un colectivo. Es una forma de discriminación. Por ejemplo, una “agresión homófoba” es delito de odio si se agrede a la víctima por su orientación sexual y no por sus actos concretos. Simplemente odiarla no es delito, mientras que agredirla por razones que no tengan que ver con su condición sexual es delito, pero no de odio.

Los delitos de odio no se suelen denunciar como tales (y con frecuencia no se denuncian en absoluto, por miedo a represalias). Algunos tipos, como los que tienen causas homófobas, xenófobas o antisemitas, reciben especial atención por razones políticas. Otros, como los delitos de odio por razones de ideología, apenas salen en los mapas a pesar de su número: en España, los motivos ideológicos vienen siendo la primera o segunda causa de estos delitos, muy especialmente en algunas zonas.

El Ministerio de Interior presentó hace poco el último “Informe sobre la evolución de los delitos de odio en España”, y es una estadística que, con todas sus limitaciones, tiene su interés para Navarra. Las razones son varias.

Primero, porque son muchos. La comunidad acumula el 7,7% de los delitos de odio registrados, con sólo el 1,4% de la población nacional. Es decir, en Navarra hay casi seis veces más delitos de odio de lo normal.

Segundo, porque están muy concentrados. El 41% de los delitos de odio registrados en Navarra son por razones ideológicas, frente al 23% nacional (y la media incluye Alava, donde están disparados). Esta cifra es preocupante, pero más preocupante aún es la tendencia: si bien estos delitos disminuyeron un 45% en el conjunto de España entre 2019 y 2020, en Navarra aumentaron un 31%, creciendo por tercer año consecutivo. Se han cuadruplicado desde que se inició la estadística en 2015. Ahora sufrimos el 6,5% del total nacional (recordemos, con un 1,4% de la población).

Los delitos de odio no sólo se denuncian poco (basta comparar los 190 delitos de odio en redes registrados en todo el año con las injurias que se leen en Twitter cada día), sino que tienen además una tasa de esclarecimiento del 65%, que baja al 49,4% en los delitos por razones ideológicas.

Los delitos por razones ideológicas se denuncian incluso menos de lo normal porque suelen cometerse en entornos en los que hay miedo a las represalias. Según el informe del Observatorio contra la Violencia Política en Cataluña de 2020, elaborado por el Movimiento contra la Intolerancia e Impulso Ciudadano, sólo en esa comunidad se han producido casi 190 incidentes de violencia documentados, la mayoría de los cuales no sale en el mapa policial.

Entre los talleres celebrados por la Asociación Pompaelo este verano en el marco de la Conferencia sobre el Futuro de Europa (que desembocaron en las propuestas que mencionaba al principio), ha destacado uno centrado en este tema. La intimidación, las amenazas, las agresiones por razones ideológicas no se producen en el vacío: son causa y consecuencia de ambientes en los que se normaliza el odio por razones ideológicas. Las agresiones de Alsasua no habrán sido terrorismo, pero fueron sin duda motivadas por la ideología que los atacantes pensaban que representaban sus víctimas, una ideología abiertamente demonizada en “Ospa Egunas”, carteles en lugares públicos, actos financiados con dinero público, y homenajes públicos a los que cometieron delitos de odio graves contra ellos (homenajes a terroristas, en otras palabras) con la tolerancia o la colaboración de las autoridades, incluso cuando cabe dudar de su legalidad o se celebran al margen de ella. La radicalización no es un fenómeno espontáneo sino la consecuencia de normalizar ese odio, y la discriminación que conlleva.

Navarra ha conseguido vivir de espaldas a lo que pasa en muchas poblaciones “de la montaña”, pero también a manifestaciones de ese odio en Pamplona y la Cuenca e incluso más al sur, a carteles y actos que lo fomentan, a actitudes que lo normalizan. Ha conseguido que las actividades “por la convivencia” del gobierno foral normalicen comportamientos claramente contrarios a la libertad ideológica. Porque sólo existe libertad para pensar lo que uno quiera cuando no existe riesgo de discriminación por ello. En Navarra, a día de hoy, oficialmente ese riesgo es cuatro veces mayor que en el conjunto de España (4,65 veces), y subiendo.

Miguel Cornejo es economista y presidente de Asociación Pompaelo.

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