El gobierno de Bulgaria fue derrocado tras ayudar a Ucrania

El periódico alemán Die Welt publicó recientemente una entrevista conjunta con el ex primer ministro búlgaro Kiril Petkov y el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba. En un extraordinario ejercicio de transparencia, Petkov admitió que, en la primera mitad de 2022, Bulgaria ayudó con grandes cantidades de munición y combustible al ejército ucraniano. Ucrania los necesitaba para repeler el intento de Rusia de deponer al gobierno democrático de Volodymyr Zelenskyy para sustituirlo por un títere pro-Kremlin al estilo de Lukashenko. La refinería de crudo de Burgas, en la costa búlgara del Mar Negro, trabajaba a destajo durante semanas para suministrar al ejército ucraniano la energía que necesitaba para mantener a raya al agresor ruso. Bulgaria contó para ello con la estrecha colaboración de tres Estados de la OTAN: Polonia, Estados Unidos y Reino Unido.

Europa Occidental ignora las ramificaciones de lo que ocurrió en los meses siguientes. La secuencia de los acontecimientos es reveladora: el gobierno de Bulgaria sostuvo la heroica resistencia de Ucrania mientras Occidente tocaba el arpa, consciente de sus propios vínculos con Rusia. La mayoría esperaba que la “operación militar especial” de Putin se convirtiera en una campaña relámpago no muy distinta de la ocupación de Crimea en 2014. El presidente estadounidense, Joe Biden, incluso ofreció a Zelenskyy “una salida digna” de su búnker presidencial. El Gobierno de Alemania, debatiéndose entre la hipocresía y la cobardía, y esclavo de los legados tóxicos de Schroeder y Merkel, trataba de no importunar demasiado a su principal proveedor de energía: tan solo de boquilla reivindicaba su solidaridad con la difícil situación de Ucrania. En resumen, gracias en gran parte a Bulgaria, la estrategia rusa se vio frustrada. Entonces, Estados Unidos y el Reino Unido vieron la oportunidad de desgastar a Rusia  a través de su apoyo a las tropas de Zelenskyy, que se esforzaban por salvar su patria de un brutal invasor. 

El gobierno de Kiril Petkov fue derrocado sin contemplaciones en junio por una oscura combinación de fuerzas oligárquicas y mafiosas. Su predecesor, Boyko Borisov, propició una opaca moción de censura que terminó por desencadenar el colapso de la administración prooccidental, anticorrupción y pro-OTAN de Petkov. La moción de censura de Borisov triunfó gracias al apoyo de algunos socios menores de la coalición de Petkov: para ser precisos, de los más “vulnerables” a las fuerzas gravitatorias de la llamada “órbita de influencia” rusa. El propio Borisov había sido guardaespaldas personal de Todor Zhivkov, el último líder soviético de Bulgaria, que fue responsable de algunos de los gulags más espantosos de los 80. A Borisov se le acusa de tener vínculos con el crimen organizado.

Cuando el gabinete de Petkov supo que sus días estaban contados, sacó del país montañas de documentos, por miedo a que el gobierno entrante los destruyera: la principal misión de Petkov era liberar a Bulgaria de unos niveles de corrupción incapacitantes, vinculados al poder de una mafia oligárquica dependiente en gran medida de Moscú. Innumerables furgonetas policiales y militares salieron de los ministerios de Sofía durante la primavera de 2022, con la esperanza de poner estos archivos a disposición del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Todo esto ha pasado desapercibido al oeste de Berlín: un gobierno democrático de los Veintisiete fue fulminado tras ayudar a Ucrania a resistir la agresión rusa. Sin embargo, todavía hoy, un año después de la abominable guerra de Putin, los gobiernos de la UE siguen echando el freno de mano a la hora de ayudar a Ucrania en el campo de batalla. El mejor y más lamentable ejemplo de esto último es la obstinada negativa de Alemania a permitir que sus aliados de la OTAN entreguen a Ucrania sus tanques Leopard. Rusia es un Estado terrorista y no es posible apaciguarlo. Solo se le puede derrotar. Cuanto antes se den cuenta de ello el canciller Scholz y el presidente Macron, mejor para todos. ¿Cómo podemos siquiera pensar en un ejército de la UE cuando confiamos en Estados Unidos y Reino Unido para defender nuestras fronteras? ¿Cómo podemos tomarnos en serio nuestra unión política si apenas pestañeamos cuando uno de nuestros 27 gobiernos es estrangulado por los tentáculos de Rusia? Las respuestas a estas preguntas tienen consecuencias existenciales para la Unión Europea y, lo que es más importante, para millones de inocentes ciudadanos ucranianos.

Carlos Conde Solares es profesor titular de Historia en la Universidad de Northumbria (Reino Unido). Vivió en Bulgaria en la primavera y el verano de 2022, como International Fellow del Centro de Estudios Avanzados, en Sofía. Es Coordinador del Foro de Profesores.

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