Sobre «Patria»

Tenía «Patria» en casa; me lo regalaron nada más salir a las librerías, creo que incluso es una primera edición. Pero como suele ser tradicional en esta familia mía, se compra un ejemplar de libros que nos gustan/apasionan a prácticamente todos y va haciendo el tour. Ya no sé ni por qué casa está. Supongo que algún día volverá a mí. Espero.

Así que como quería volver a leerlo, pero esto de leer con los tres “monstruitos” en casa cada vez es más misión imposible y no lo tenía a mano, empecé a escuchar el audiolibro. No es lo mismo, pero me ha emocionado igual.

En fin, que eso, que me he vuelto a “leer” Patria. 

Me parece que la serie puede estar bien, pero ya hay cosas que han cambiado que me escaman, que no son como aparecen en el libro, por no hablar de las vallas publicitarias iniciales que tantas ampollas levantaron. Aún con el visto bueno de Aramburu, prefiero mil veces el libro.

Además, me encanta leerlo (escucharlo) y ver en mi mente las calles, los recorridos, los bares a los que hacen referencia. Porque yo, allá en mi juventud (qué lejos me parece ahora) callejeé mucho San Sebastián, el barrio de Capuchinos de Rentería y algunos otros pueblos como Astigarraga o Getaria que bien podrían encajar en descripciones varias.

Hay algunas situaciones que incluso viví, hay cosas que me inquietan de lo familiares que me son, y hay otras que todavía me palpitan porque están muy presentes en mi vida actual. Bueno, este año pasado más, ahora algo menos.

No voy a poder tolerar nunca que se compadree con Bildu. Jamás. Siempre me hervirá la sangre porque ellos tienen muy claro el relato, la paciencia suficiente para venderlo y el aplomo (esto no ha ido con segundas intenciones) para seguir su hoja de ruta hasta el final.

No matan porque ya no les hace falta matar, y eso es así. Y tantas vidas destrozadas, tanto dolor, ha servido para que construyendo su relato accedan al poder, se mantengan y sean además “interlocutores válidos”. Lo siento pero yo no puedo. Conmigo no.

“Comunicación de marca”. Hace poco que he aprendido este concepto. Se aplica a los negocios, pero ya se está viendo que también está presente en los partidos políticos de éxito. Ya no es cuestión de mejorar la vida de la gente, simplemente es el poder por el poder. 

Que un partido político tenga éxito en el S XXI no es ya que tenga una ideología mejor o peor o una capacidad adaptativa de sus políticas más adecuadas a la población a la que va dirigida. El éxito reside en una buena comunicación de marca. Los ivanesredondos de turno lo saben; los que viven en el siglo pasado y en el limbo, básicamente, no.

Si «Patria» significa algo para alguien, bombillas deberían ir encendiéndose y relatos cogiendo fuerza de huracán. Porque hay algo que parece se nos olvida, de algo que no se acuerda nadie o se acuerdan como de pasada: el Estado de Derecho venció, y siempre vencerá puesto que es más fuerte que ninguna amenaza. Que siga siendo así. Que la comunicación de marca no agote nuestra inteligencia.

Y eso os cuento. 

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